
REDACCION SALUD (AGENCIAS).-Con el paso de los años, los problemas de sueño se vuelven más frecuentes. Trastornos como el insomnio, la apnea del sueño y el síndrome de piernas inquietas afectan a millones de personas y, según recientes estudios, podrían incrementar el riesgo de desarrollar demencia en la vejez.
El doctor Nicholas Fabiano, psiquiatra e investigador de la Universidad de Ottawa, destacó recientemente en X que dormir únicamente seis horas por noche está relacionado con un aumento del 30 % en la probabilidad de sufrir demencia. “El sueño activa el sistema glinfático del cerebro, encargado de eliminar desechos nocivos”, explicó, un proceso clave para mantener la salud cerebral a largo plazo.
El sistema glinfático y la limpieza cerebral
El sistema glinfático funciona como una red de depuración que utiliza el líquido cefalorraquídeo (LCR) para eliminar proteínas y moléculas dañinas, incluyendo beta amiloide y tau, vinculadas al Alzheimer. Durante el sueño profundo, este mecanismo permite que el cerebro se “limpie” y mantenga su funcionamiento óptimo.
Un estudio internacional liderado por Séverine Sabia, de la Université de Paris y University College London, siguió a casi 8.000 adultos británicos durante 25 años. Los investigadores concluyeron que el déficit crónico de sueño en la mediana edad constituye un factor de riesgo independiente para la demencia, incluso después de controlar por enfermedades previas, hábitos de vida y salud mental.
Sueño insuficiente y efectos acumulativos
Durante el seguimiento, los adultos que mantenían un patrón de sueño corto (seis horas o menos) a los 50, 60 y 70 años mostraron un 30 % más de riesgo de desarrollar demencia frente a quienes dormían siete horas. Los incrementos en riesgo eran progresivos: a los 50 años, quienes dormían poco tenían un 22 % más de probabilidad, mientras que a los 60 años el riesgo subía al 37 %.
Otras investigaciones, como las realizadas en Harvard y publicadas en Science Advances, también han asociado la falta de sueño con aceleración en el envejecimiento de las células cerebrales y deterioro cognitivo. La Academia Americana de Neurología ha confirmado que el insomnio crónico puede contribuir a un envejecimiento cerebral más rápido y problemas de memoria.
Recomendaciones para mejorar el descanso
La neuróloga Stella Maris Valiensi, del Hospital Italiano de Buenos Aires, recomienda una serie de hábitos para mejorar la calidad del sueño:
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Mantener horarios regulares para dormir y despertar.
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Crear un ambiente adecuado: oscuridad, silencio y temperatura confortable.
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Evitar cafeína y alcohol en horas cercanas a la noche.
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Limitar siestas largas y exposición a pantallas antes de dormir.
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Practicar ejercicio regularmente, preferiblemente por la mañana.
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Establecer rutinas relajantes antes de acostarse y evitar automedicarse.
Los expertos coinciden en que una “higiene del sueño” adecuada durante la mediana edad podría formar parte de las estrategias de prevención de la demencia, al proteger la salud cerebral y reducir riesgos a largo plazo.








