
ESTADOS UNIDOS (NBAMANIACS.COM).-En los últimos ocho partidos de Los Angeles Lakers hay dos factores en común, dos factores entre los que es difícil no establecer una relación de causalidad. Uno de ellos, la consecuencia, es que los de Redick no paran de ganar, como han hecho esta madrugada en Miami por 126-134. El otro, en gran medida causa del primero, es que Luka Doncic está a un nivel estratosférico. Y hoy lo ha estado más que nunca en toda la temporada.
El esloveno se ha ido hasta los 60 puntos en una absoluta exhibición, no solo confirmando su increíble momento de forma sino llevándolo más allá en el que ha sido, con diferencia, su mejor partido desde su llegada a Los Ángeles. Es, de hecho, la máxima anotación de cualquier jugador de oro y púrpura desde los 60 anotados por Kobe Bryant la noche de su retirada, y han llegado en una de esas noches en las que cada canasta fue necesaria para contener a unos Heat empeñados a intentar arruinar el show.
De hecho, Miami comenzó el choque con un fantástico nivel que parecía destinado a revivir los peores fantasmas de los de Redick. En segunda noche de back to back y en su tercer partido en cuatro días, el cuadro californiano arrancó con dificultades defensivas y viéndose bastante superado, lo que hizo que la diferencia en el marcador creciese hasta los 15 puntos cuando apenas estaba arrancando el segundo cuarto.
Y fue ahí cuando Doncic decidió que tenía que intervenir.
Luka, que se fue al descanso con 21 tantos en su casillero, ayudó a recortar la brecha en el segundo cuarto, pero fue en la segunda mitad cuando de verdad activó el modo destructor. Con tres triples consecutivos, abrió el tercer parcial dando la delantera a los suyos, y de ahí en adelante se aseguró de que nunca la perdieran con un show anotador al que cada vez se iba sumando más gente. Y es que sus canastas servían también para abrir espacios al resto. Y cuanto más había, más sufría Miami.
El tercer periodo acabó de la misma manera que empezó para él, con un triple lejano y punteado ante el que los de Spoelstra no encontraron respuesta. Solo que si el primero fue para recortar ventajas, el último fue para dar a los Lakers su máxima del encuentro (+13). Si el primero era para entonarse, este era para llegar a los 40 puntos. 40 puntos que eran ya una cifra notable en sí misma, pero que se quedarían en nada poco después.
Porque cuando parecía que los angelinos se iban, Norman Powell y Tyler Herro se empeñaron en devolver a los locales a la vida e ir reduciendo la diferencia, convenciendo poco a poco al Kaseya Center de que había opciones de remontada. Pero no era real. Porque a cada intento de acercarse del todo llegaba una respuesta. Siempre diferente. Pero siempre suya.
A veces, empujaba a su defensor hasta la pintura para sumar desde allí como si no hubiera nadie a su alrededor. Otras, manipulaba a la defensa con fintas para ganarse un viaje a la línea de tiros libres y sumar sin dificultades. En las que se sentía más juguetón, convertía un triple absurdo sobre el punteo de quien fuera que tuviera delante para igualar su récord de tiros de tres en un partido (9). Daba igual. Era como si simplemente quisiera hacer creer a los Heat que tenían opciones y luego se encargara de borrarlas.
Los Lakers han logrado así no solo su 11ª victoria en los últimos 12 encuentros, sino un pequeño colchón de dos partidos sobre el cuarto clasificado que, en un Oeste muy apretado, puede valer mucho de cara a llegar a playoffs con el factor cancha. Pero lo más importante es que han logrado, cuando ya parecía imposible, empezar a parecer un equipo a temer. Y eso es lo más terrorífico para el resto de la conferencia. Porque Doncic ha dejado claro que es alguien con quien no quieres enemistarte.








